lunes, 16 de mayo de 2011

LA CONEXIÓN

JARED JOSLIN
El tarotista encuentra un momento único durante la lectura en el que recibe el alma del consultante.
No me gusta considerarme un "vidente", no en un sentido usual: yo no voy viendo fantasmas por la calle ni convivo con espíritus. Pero sí recibo el problema del consultante. Mis cartas o mis runas son un instrumento, un medio, un canal para representar con más detalles lo que la intuición, mi percepción me dicen.

Me gustaría compartir con ustedes otro caso práctico. Vamos a ver qué ocurrió:

Una joven dama me visitó para pedirme consejo en su problema matrimonial.  Por cierto la señora era muy bella pero en seguida percibí su sufrimiento, su marido no la valoraba en su justa medida, ni observaba su belleza ni valoraba su entrega, su trabajo, toda la abnegación que dedicaba al marido y al pequeño de pocos años que tenían.

Realizamos la tirada de tarot. Las cartas nos ofrecieron la siguiente disposición:








El loco en primer lugar identificaba al esposo, y lo desenmascaraba, pues el loco nos habla de un hombre que no se compromete con su pareja o que si está casado le es infiel, "comete locuras" sin pensar en su responsabilidad, ni en el daño que pueda hacer. En el lado contrario aparecen "Los enamorados", carta que representa un trío amoroso, una infidelidad, y salen nada menos que enfrentadas al loco. Las dos primeras cartas no pintaban bien para nuestra consultante. Confirmamos nuestras sospechas al aparecer en el puesto del futuro "la Torre", lo cual indicaba que el marido pensaba continuar con su infidelidad sin separarse de su mujer, pues después de sus encuentros amorosos regresaba a su hogar en el que encontraba comodidad, aunque este hogar echara humo, al menos en el corazón de la pobre esposa que se sentía rechazada y no sabía qué había hecho de malo. "El diablo" venía a ratificar la conducta del esposo, su carácter vicioso y engañoso, y su falta de escrúpulos, también su incapacidad de amar, ni siquiera por respeto al hijo que compartía con su esposa. Eso sí, la última carta nos anunciaba un camino: "La emperatriz""La emperatriz" simboliza a una mujer con fuerza y tesón, dispuesta a imponer justicia, a no permitir que un hombre la avasalle y capaz de remontar sola, tomando la riendas de la situación.

Así las cosas y ante el disgusto de nuestra consultante, le hice una tirada muy sencilla a dos cartas, centrándome solo en ella y en su futuro. El resultado fue el siguiente:




Las cartas le permitían a la cosultante confiar en un futuro inmediato mejor lejos de su marido. No debía dudar en cortar los lazos con ese hombre, su marido, que tanto daño le estaba haciendo. Tomar "El carro" de su vida, alejarse de él, ganar en seguridad y cortar amarres emocionales. Debía huir cuanto más lejos mejor. Tomar "El carro" no significa literalmente que ella debiera quedarse sin nada, y huir de su casa, al contrario debía consultar a un buen abogado para que el marido asumiera su infidelidad y ella debería disfrutar de su casa. A continuación "La estrella" anunciaba el cambio exitoso, una ilusión que nacía, un amor próximo.

Así fue, al poco tiempo la consultante me llamó para confirmarme la buena nueva, había rehecho su vida junto a otro hombre. El cambio no había podido ser más afortunado, "El demonio" de su vida quedaba ya en el pasado. Ánimo y felicidades a todas las mujeres que saben tomar las riendas de su vida y luchar por sus propios derechos e ilusiones.
 

lunes, 9 de mayo de 2011

LEER EL TAROT

Hay muchos métodos para la lectura de las cartas.




Yo tengo mi gusto personal: una mesa camilla, un delicioso aroma a incienso y la necesidad de saber que la persona que tengo frente a mí necesita una pequeña ayuda, una guía para tomar una decisión, para dejar atrás aquello que ya no tenga sentido en su vida...









Empecemos hablando del método Péladan. Este método permite la lectura de 5 cartas, el consultante debe ir elegiendo 3 números: el primero del 1 al 22, el segundo del 1 al 21 y el tercero del 1 al 20. La primera carta el tarotista la sitúa junto a su mano derecha, la segunda enfrente dejando un poco de espacio para la última carta, la tercera arriba encima del espacio imaginario. La cuarta carta solo podrá ser la número 1 o la 19, que irá debajo del espacio fantasma. Sumaremos los números obtenidos entre las 4 cartas y si este es mayor del número de cartas de que aún disponemos, es decir, 18, se sumarán los propios números para poder extraer una carta y esta será la que situaremos en el espacio central, reservado desde el principio.




A su vez necesitamos que el consultante entienda que el tarot no puede desplegar las respuestas a las preguntas que no ha formulado. Sí contestará, sí dará información sobre el pasado, el presente y el futuro pero sobre aquello que se le pregunte. Una carta tendrá un significado diferente si habla de salud, dinero o de amor. Aun centrado cada campo habrá que formular una pregunta bien concreta. Cuanto más concreta sea la pregunta, más directa y certera será la respuesta. A veces nos perdemos en la ambigüedad. Intentemos ser lo más directos posibles, el tarot como un oráculo nos aportará una respuesta, la que estemos seguros de que buscamos.


Ejemplo práctico: Una señora me consultó para saber quién había hablado mal de ella en su trabajo acusándola de un falso testimonio, a resultas de lo cual había sido despedida.

Las cartas que nos concedió el tarot para su lectura fueron las siguientes:

En primer lugar la torre, lo cual indicaba que el traidor estaba dentro de su lugar de trabajo o incluso de su casa.  Enfrentada a esta encontrábamos a la emperatriz, una mujer joven y rubia con ínfulas de poder, en la parte superior aparecía la luna, esta carta hablaba en este caso de la traición y de la relación familiar entre mujeres (suele haber tres mujeres en juego), lo cual venía a confirmarnos la sospecha de la emperatriz, abajo en la parte central el ermitaño. El ermitaño y la luna juntos indican la maledicencia, los falsos testimonios y ocupando la parte central, el diablo, que resumía la traición y el mal cometido contra esta mujer.
Mi intuición me llevó rápidamente a sospechar que la mujer rubia era familiar de la consultante, preguntada esta, contestó sorprendida que había conseguido poco tiempo antes de ser despedida un contrato para su hermana, que no me lo había contado porque le parecía irrelevante. La informé de la contundencia de las cartas. Escéptica volvió a casa y le espetó a su hermana que su exjefa le había llamado para readmitirla y decirle que su hermana había hablado mal de ella. La hermana (nuestra emperatriz) se echó a llorar, pidiendo perdón, solo pretendía reafirmarse en su puesto, afirmó. La consultante me llamó esa misma noche para darme cuenta de la veracidad del tarot.


                                                       Desenmascaramos a la emperatriz.


A veces estos testimonios son duros, pero las cartas no engañana. Es mejor que se te rompa el corazón una vez, que vivir en medio de traidores sin saber quiénes son.