ÉTICA DEL TAROT


El tarot es un arte milenario, que le habla directamente al subconsciente del ser humano y con el respeto debido hay que tratarlo.






El tarotista se enfrenta a la intimidad de una persona a la que en muchas ocasiones prácticamente no conoce. No es tarea fácil, hablar de cuestiones personales que pertenecen al mundo interior de alguien, que confía en tu habilidad lectora, en tu intuición, a veces como una tabla de salvación, y uno se asoma a sus secretos...

Siento siempre una enorme responsabilidad.







Hago mi trabajo lo mejor que puedo, confío en mi capacidad, pero sobre todo una vez vistas las cartas intento charlar con la persona para ratificar la situación de la que hablamos. Mi mayor recompensa es que una persona salga aliviada y esté convencida de la decisión que quiere tomar. Que piense sobre determinados problemas o personas desde la perspectiva que le parezca correcta, con -espero- mi ayuda.

Ahora bien, hay algo que sé, la única certidumbre que me pertenece por derecho propio. 
Sé que le hablo a la mente del consultante con símbolos que le pueden influir grandemente. No quiero sugestionar a nadie, nunca. Solo procuro ayudar a que cada persona tome su propio camino, las cartas nos pueden ayudar. Pero yo no soy quien debe dirigir a nadie a que asuma su destino. El destino lo construye uno mismo, con su voluntad, sus fuerzas, sus sueños, sus ilusiones, y las circunstancias en las que le ha tocado nacer y vivir.






Mi convencimiento: el tarot anuncia una situación, no es un destino irrevocable, bien al contrario, el tarot nos puede avisar de peligros, de amenazas, de dolores, de enfermedades. Es importante que el consultante se haga cargo de la lectura que el tarot ha hecho de su subconsciente, y que ponga los medios para solucionar lo que nos anuncia, para evitarlo, o bien, para seguirlo los buenos influjos.








No se me olvidará nunca, en una ocasión, hace años, aun era casi un niño y ya me atraía el mundo del esoterismo y del tarot, escuché un programa de radio.  En él una mujer se quejaba de los tarotistas sin conciencia. Una echadora de cartas le había dicho a su hija adolescente que iba a morir en un accidente de tráfico. 







Esta se sugestionó de una manera tan brutal, y tan comprensible en una adolescente, que cada vez que cruzaba una calle se quedaba bloqueada. La madre explicaba cómo su hija se veía obsesionada con su propia muerte, de la que estaba convencida que iba a suceder en breve. Esta señora insistía en que su hija se abalanzaba literalmente hacia los coches, como intentando sujetarse a su condena. Esta se cumplió.
Cuando la señora llamaba, su hija había fallecido en una accidente, atropellada por un coche.
 



La Sacerdotisa


Bien, no fue el tarot lo que mató a su hija. Señora usted me dio una lección cuando yo me iniciaba en el tarot, para siempre, nunca, nunca la olvidaré:

EL DESTINO NO ESTÁ ESCRITO, NOS VEMOS INMERSOS EN UN MUNDO DE INFLUENCIAS, TENEMOS QUE APRENDER A LUCHAR CONTRA UN MAL MOMENTO.
PUEDE SER BUENO QUE CONSULTEMOS AL MÉDICO, QUE AYUDEMOS A UN FAMILIAR O QUE VIGILEMOS A ALGUIEN CERCANO. PERO EL DESTINO SEGUIRÁ ESTANDO SIEMPRE EN NUESTRAS MANOS.

Como dijo el poeta: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar".
Mi camino es más seguro gracias al tarot.